Donald Trump Estados Unidos Xi Jinping China
A la izquierda, Donald Trump, presidente de Estados Unidos; a la derecha, Xi Jinping, presidente de ChinaCasa Blanca, Wikimedia Commons
Por: Abraham Andreu
China, con Shenzen a los mandos, podría ser la líder indiscutible del sector tecnológico, aunque los conflictos geopolíticos serán determinantes en 2026.
Estados Unidos y China son las principales potencias en el mundo a nivel tecnológico, aunque su modelo dista bastante en la práctica, algo que podría decantar la balanza en el corto plazo, teniendo en cuenta también los conflictos geopolíticos que pueden marcar este año.
El centro del desarrollo tecnológico en Estados Unidos, en las últimas décadas, ha sido Silicon Valley, mientras que en China hay que destacar Shenzen, una ciudad al sur del país que lidera los avances de la región en lo que tiene que ver con esta industria.
Según la previsión del PIB real elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), parece que 2026 será un año muy positivo para China, que crecerá anualmente a una tasa del 4,4%, mientras que Estados Unidos crecería, pero a un ritmo del 1,7%, algo lejos del 2,2% de España.
Ahora bien, dichas estimaciones sobre el PIB de estas 2 súper potencias podrían verse afectadas por los conflictos geopolíticos actuales, como la tensión en Taiwán, la situación en América Latina, la guerra en Ucrania o una posible –y anunciada– invasión de Groenlandia.
Todas estas regiones son vitales a nivel mundial en ámbitos que afectan a la industria tecnológica, ya que poseen materiales imprescindibles para la fabricación, además del desarrollo de chips, concretamente en Taiwán.
Por ello, 2026 podría ser un año de grandes cambios en el orden mundial, con sus implicaciones económicas, tanto para Shenzen como para Silicon Valley.
La relación entre China y EEUU es un círculo que se repite, también en IA.
El modelo de producción de China es sustancialmente diferente al de Estados Unidos, un elemento que se puede apreciar de forma muy práctica en el desarrollo de la IA y, concretamente, en el avance hacia la rentabilidad de este segmento de la industria.
El gigante norteamericano cuenta con pocas empresas gigantes que acumulan casi todos los avances en IA, mientras que en Shenzen se encuentran empresas más pequeñas, apostando por un mercado más competitivo.
En el caso de China, con un control mucho más marcado por el Estado, mientras que Donald Trump ha preferido no regular esta materia, algo que marcará –e impactará– el desarrollo de la IA a lo largo de este año.
Así lo explica Gregory Kulacki, de la Union of Concerned Scientists: «El actual gobierno de EE. UU. prefiere la mínima regulación; el plan de Trump considera los intentos internacionales de regulación de la IA como obstáculos ‘antiamericanos’ […]. Más aún, los líderes chinos están abiertos a la idea de que compartir lo aprendido podría beneficiar a China».
Desde la crisis diplomática entre Estados Unidos y China derivada de los sucesos de la plaza de Tiananmen, las sanciones de EEUU se han dirigido mayormente al sector energético, con barreras a la producción de vehículos eléctricos, paneles solares y baterías.
«Según nuestras conversaciones con expertos chinos en Tokio, este mismo ciclo de restricciones estadounidenses, seguidas de avances chinos, parece repetirse en el desarrollo de la IA», confirma Kulacki.
Tal y como aseguran otros expertos, como Jeffrey Wu, director de MindWorks Capital, en Project Syndicate, la próxima etapa en la carrera de la IA no tendrá que ver con los algoritmos o los chips, sino con la electricidad.
«Mientras las megatecnológicas occidentales ponen el acento en modelos cerrados e intensivos en capital que exigen una enorme potencia de cálculo, China ha optado por una IA de código abierto, y está llevando adelante una ampliación masiva de su capacidad en energía nuclear y renovable; con esto, se posiciona para un despliegue a gran escala de tecnologías de IA poderosas que no agoten sus recursos», asegura.
Tierras raras y semiconductores, la carrera por eliminar la dependencia exterior.
Yendo directamente al meollo de la cuestión geopolítica mundial, más allá de las capacidades energéticas de cada región, hay un punto clave para el sector tecnológico, como son las llamadas tierras raras.
Estas son un conjunto de diversos materiales que se utilizan para producir masivamente cuestiones tan básicas como semiconductores, baterías, equipo médicos, componentes electrónicos… Y China es imparable en este sentido.
El gigante asiático no tiene prácticamente rival en el mundo y controla la producción de este tipo de minerales, un elemento vital para la industria tech que puede desviar el poder económico hacia China, algo que ya está ocurriendo.
Aunque no todo se basa en la producción, ya que las refinerías son una cuestión importante, al igual que ocurre en el sector del petróleo; en tal sentido, Taiwán es una de las zonas más importantes para el mercado mundial de chips.
Allí se concentra casi toda la fabricación de este tipo de componentes, que son básicos en la tecnología de consumo, además de las especificaciones que la IA requiere para su utilización escalable.
Sin embargo, a China también le podrían crecer los enanos cerca de casa, ya que según el gigante, Taiwán históricamente forma parte el país, y controla parcialmente la producción y la defensa de sus fronteras, mientras que los países occidentales –y aliados como Japón– han dejado clara su postura al respecto.
De momento, Taiwán funciona como un Estado independiente, con sus propias elecciones democráticas –sin declaraciones de independencia–, aunque es prácticamente un fortín en un mundo en el que la guerra fría del pasado parece más caliente que nunca.

