El hallazgo de una inscripción de Ramsés II acerca a los arqueólogos a la posible ubicación de la ciudad perdida de Mesn en Egipto.

Una inscripción dedicada a Horus hallada en Tell Abu Saifi refuerza la hipótesis de que bajo este enclave de la frontera oriental de Egipto se encuentra la antigua ciudad de Mesn.Sigue leyendo

Hallan una inscripción de Ramsés II que podría ayudar a resolver el misterio de la ciudad perdida de Mesn. Foto: Wikimedia/Ministerio de Turismo y Antigüedades/Christian Pérez

Por: Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Fuente: Muy interesante.

Durante siglos, la frontera oriental de Egipto fue uno de los espacios más vigilados del mundo faraónico. Por allí discurría el llamado Camino de Horus, una arteria militar y administrativa que comunicaba el valle del Nilo con el Levante mediterráneo y que estaba jalonada por fortalezas, puestos de control, santuarios y asentamientos. Ahora, una nueva campaña arqueológica en Tell Abu Saifi, en Al Qantara Este, ha aportado una pieza especialmente valiosa para reconstruir aquel paisaje: un gran dintel de arenisca con inscripciones de Ramsés II y una referencia directa a Horus, señor de la ciudad de Mesn.

El hallazgo no permite afirmar todavía que la antigua Mesn haya sido localizada de forma definitiva, pero sí refuerza una hipótesis que gana peso con cada nueva excavación. La misión egipcia que trabaja en el yacimiento, dependiente del Ministerio de Turismo y Antigüedades y del Consejo Supremo de Antigüedades, ha recuperado además restos arquitectónicos, esculturas y evidencias que muestran cómo este enclave fue transformándose durante siglos sin perder su importancia estratégica.

Tell Abu Saifi no fue únicamente un templo ni una fortaleza aislada. Las nuevas excavaciones dibujan un lugar mucho más complejo: un espacio religioso, militar, administrativo y económico que fue modificado en distintas etapas y reutilizado incluso durante el dominio romano.

Lo más interesante es que algunas de las estructuras que ya se conocían han tenido que ser reinterpretadas. Y esa corrección ha cambiado de manera importante la imagen que los arqueólogos tenían del yacimiento.

El enorme muro que no era lo que se pensaba

Uno de los principales avances de esta temporada ha sido el estudio de un gran muro construido con ladrillos de adobe. Durante investigaciones anteriores, algunas de sus partes habían sido vinculadas directamente con el templo. Sin embargo, el análisis de sus diferentes niveles constructivos ha llevado a los arqueólogos a otra conclusión: se trataría del recinto exterior que protegía el complejo religioso.

La estructura conserva puertas, habitaciones interiores y sucesivas fases de construcción. Es decir, no fue levantada de una sola vez, sino que fue adaptándose a las necesidades de quienes ocuparon el enclave en distintos momentos.

Estructuras descubiertas durante las excavaciones en el yacimiento

Estructuras descubiertas durante las excavaciones en el yacimiento. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

Esta reinterpretación resulta especialmente importante porque permite reconstruir mejor la organización del asentamiento. Dentro del recinto han aparecido dependencias claramente diferenciadas. En la zona norte se suceden varias habitaciones destinadas al almacenamiento, mientras que al sur se han identificado estancias de servicio de mayores dimensiones.

También se han documentado dos caminos de piedra superpuestos que conducían hacia el templo desde el exterior de la zona fortificada. El más antiguo corresponde al período ptolemaico; encima se construyó después otro camino, más estrecho, durante época romana. La superposición de ambas vías muestra hasta qué punto el lugar fue adaptado sin perder su función como punto de paso y control.

La inscripción dedicada a Horus es una de las pistas más sólidas encontradas hasta ahora para relacionar Tell Abu Saifi con la desaparecida ciudad de Mesn.

La inscripción de Ramsés II que apunta a Mesn

La pieza que concentra ahora buena parte de la atención es la parte superior de un gran dintel de arenisca, roto en dos fragmentos. En tres de sus caras conserva inscripciones jeroglíficas relacionadas con Ramsés II, uno de los faraones más célebres del Imperio Nuevo.

Pero el verdadero valor del hallazgo no reside únicamente en la presencia del nombre real. Una de las inscripciones hace referencia a trabajos de restauración realizados en una estatua de Horus, señor de la ciudad de Mesn.

Ese detalle es crucial.

Mesn aparece mencionada en fuentes egipcias del Imperio Nuevo como una ciudad vinculada a la frontera oriental. Durante mucho tiempo, su localización exacta ha sido objeto de debate. La aparición en Tell Abu Saifi de una inscripción que relaciona directamente al dios Horus con esa ciudad proporciona una conexión epigráfica difícil de ignorar.

Los investigadores, sin embargo, mantienen la cautela. La identificación todavía no puede darse por cerrada y serán necesarias nuevas campañas para reunir evidencias capaces de confirmar la hipótesis. Pero el dintel se suma a otros indicios recuperados anteriormente y convierte a Tell Abu Saifi en uno de los candidatos más sólidos.

La inscripción descubierta en el lugar donde los arqueólogos creen que podría encontrarse la ciudad perdida de Mesn

La inscripción descubierta en el lugar donde los arqueólogos creen que podría encontrarse la ciudad perdida de Mesn. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

Tell Abu Saifi no fue únicamente un centro religioso: durante siglos combinó funciones militares, administrativas y económicas en una de las fronteras estratégicas de Egipto.

Un enclave que sobrevivió durante siglos

Las piezas encontradas alrededor del templo también ayudan a comprender el carácter del lugar. Entre ellas aparece parte de una estatua de la dinastía XXVI que representa a un escriba del ejército portando un naos roto. A su lado se han recuperado una estatua sin cabeza ni piernas, un torso real de basalto y diversos fragmentos escultóricos de basalto y piedra caliza.

Ese conjunto encaja bien con la naturaleza doble del asentamiento: santuario y, al mismo tiempo, punto estratégico de una frontera sometida a vigilancia permanente.

El complejo alcanzó una importante fase de prosperidad arquitectónica durante el período ptolemaico. Más tarde, ya en el siglo III d.C., parte de sus construcciones fueron reutilizadas para levantar un campamento militar romano, un castrum. El lugar continuaba siendo valioso, aunque los gobernantes y los ejércitos hubieran cambiado.

Su última transformación conocida fue mucho menos solemne. En época romana tardía, el área sagrada terminó convertida en un espacio de explotación de piedra y producción de cal. Los arqueólogos han localizado grandes hornos circulares instalados sobre las esquinas del sanctasanctórum, con restos de caliza sometida a altas temperaturas. El corazón religioso del antiguo complejo había acabado convertido en una instalación industrial.

Fragmento con inscripciones jeroglíficas descubierto durante las excavaciones. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

El mismo espacio que durante siglos tuvo carácter sagrado terminó convertido, en época romana tardía, en un lugar dedicado a la producción de cal.

Una pieza más del desaparecido Camino de Horus

El descubrimiento tiene una importancia que va más allá de la posible identificación de Mesn. Tell Abu Saifi está ayudando a reconstruir el trazado y la organización del Camino de Horus, la gran ruta que protegía la entrada oriental de Egipto.

Aquella vía no era simplemente una carretera por la que marchaban soldados. A su alrededor surgían templos, almacenes, estaciones y asentamientos capaces de abastecer, administrar y controlar un corredor por el que circulaban personas, mercancías y ejércitos. Comprender cada uno de esos puntos permite reconstruir cómo Egipto defendía una de sus fronteras más sensibles.

Las excavaciones continuarán durante las próximas temporadas. Bajo las capas de adobe, piedra reutilizada y restos romanos pueden aparecer nuevas inscripciones capaces de confirmar definitivamente la identidad del enclave.

Por ahora, el gran dintel de Ramsés II ha colocado a Tell Abu Saifi un poco más cerca de resolver uno de esos problemas que fascinan a la arqueología: saber si un nombre conservado durante milenios en textos antiguos puede volver a colocarse, con precisión, sobre un mapa.

El tono, ritmo divulgativo y estructura periodística empleados siguen la línea editorial de los ejemplos de estilo proporcionados, especialmente en el uso de una apertura narrativa, subtítulos explicativos y desarrollo progresivo del hallazgo.

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