Astrónomos están intrigados por la enorme velocidad a la que viaja una estrella en nuestra galaxia.

Los expertos discuten si su enorme velocidad, que puede hacer que escape de la galaxia, se debe a una supernova o a un encuentro casual con un agujero negro binario.

Astrónomos están intrigados por la enorme velocidad a la que viaja una estrella en nuestra galaxia

Adam Makarenko / W.M. Keck Observatory

Un equipo científico dirigido por Adam Burgasser, profesor de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de California en San Diego (EE. UU.), descubrió que una estrella rara y pequeña, J1249+36, que viaja a hipervelocidad por la Vía Láctea, puede estar en una trayectoria que la haga abandonar por completo la galaxia. La estrella destaca por moverse a una velocidad de 600 kilómetros por segundo. A modo de comparación, el equipo señala que el Sol está orbitando alrededor del centro de la galaxia a aproximadamente un tercio de esa velocidad.

Adam Makarenko / W.M. Keck Observatory

El objeto es una rara estrella subenana L, una clase de astro con masa y temperatura muy bajas. Las subenanas representan las estrellas más antiguas de la Vía Láctea. Los datos espectrales, junto con los datos de imágenes de varios telescopios terrestres, permitieron al equipo medir con precisión la posición y la velocidad de J1249+36 en el espacio y así predecir su órbita a través de la Vía Láctea. “Aquí es donde la fuente se volvió muy interesante, ya que su velocidad y trayectoria mostraban que se movía lo suficientemente rápida como para potencialmente escapar de la Vía Láctea”, afirmó Burgasser.

¿Qué la hizo moverse tan deprisa?

Los investigadores manejan dos hipótesis. En el primer escenario, J1249+36 era originalmente la compañera de baja masa de una enana blanca que al explotar como una supernova le dio el impulso. “En este tipo de supernova, la enana blanca queda completamente destruida, por lo que su compañera se libera y sale volando a cualquier velocidad orbital a la que se movía originalmente, además de una pequeña patada de la explosión de la supernova”, explicó Burgasser.

“Nuestros cálculos muestran que este escenario funciona. Sin embargo, la enana blanca ya no está allí y los restos de la explosión, que probablemente ocurrió hace varios millones de años, ya se han disipado, por lo que no tenemos pruebas definitivas de que este sea su origen”, puntualizó Burgasser.

En el segundo escenario, J1249+36 era originalmente miembro de un cúmulo globular de estrellas estrechamente unido, con un agujero negro central binario. Este sistema resultó ser una gran catapulta para esta estrella, que se acercó demasiado a él.

“Cuando una estrella se encuentra con un agujero negro binario, la compleja dinámica de esta interacción de tres cuerpos puede expulsar a esa estrella del cúmulo globular”, explicó Kyle Kremer, profesor de UC San Diego. Kremer realizó una serie de simulaciones y descubrió que, en raras ocasiones, este tipo de interacciones puede expulsar a una subenana de baja masa de un cúmulo globular y seguir una trayectoria similar a la observada para J1249+36.

Adam Makarenko / W.M. Keck Observatory

“Esto demuestra una prueba de concepto”, señala Kremer, “pero en realidad no sabemos de qué cúmulo globular proviene esta estrella”. El equipo plantea que al rastrear en el tiempo a J1249+36, esta se ubica en una parte muy concurrida del cielo que puede ocultar cúmulos no descubiertos.

Probar las hipótesis

Para determinar si alguno de estos escenarios, o algún otro mecanismo, puede explicar la trayectoria de J1249+36, el equipo de Burgasser necesita observar más de cerca su composición elemental. Él considera que si una enana blanca hubiera explotado, hubiese creado elementos pesados que podrían haber “contaminado” la atmósfera de J1249+36 mientras escapaba. Las estrellas en los cúmulos globulares y las galaxias satélite de la Vía Láctea también tienen patrones de abundancia distintos que pueden revelar el origen de J1249+36.

“Básicamente estamos buscando una huella química que pueda identificar de qué sistema proviene esta estrella”, subraya Roman Gerasimov, cuyo trabajo de modelado le ha permitido medir la abundancia de elementos de estrellas frías en varios cúmulos globulares.

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