La geometría del asteroide ha llamado la atención de los investigadores. El cuerpo destacaba por ser uno de los más brillantes de nuestro vecindario cósmico
Foto: (44) Nysa, junto al satélite recién descubierto (Universidad de Arizona/Kate Minker et al.)
Por: R. Badillo
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Los astrónomos han obtenido la imagen más precisa del asteroide (44) Nysa, uno de los cuerpos más brillantes del cinturón situado entre Marte y Júpiter. El estudio, titulado Unmasking (44) Nysa: Evidence for a Trilobate Structure, está disponible en el archivo científico arXiv y ha sido enviado a la revista Astronomy & Astrophysics. Las observaciones revelan una geometría extraordinaria y la presencia de un acompañante que había permanecido oculto pese a casi dos siglos de investigaciones.
Descubierto en 1857, Nysa había sido observado anteriormente por distintos telescopios, incluido el telescopio espacial Hubble, aunque su verdadera silueta seguía siendo difícil de interpretar. Su elevada reflectividad y su forma aparentemente alargada llevaron a plantear que podía estar compuesto por dos grandes regiones unidas, una configuración relativamente habitual entre asteroides y cometas.
El avance llegó gracias al Large Binocular Telescope, instalado en Arizona, y al Very Large Telescope, situado en Chile. Los investigadores emplearon los instrumentos SHARK-VIS y SPHERE/ZIMPOL, además de sistemas de óptica adaptativa capaces de compensar la distorsión provocada por la atmósfera. Posteriormente, combinaron las imágenes con técnicas específicas de procesamiento y observaciones fotométricas realizadas desde distintos observatorios.
Una estructura nunca observada
El modelo tridimensional muestra que el asteroide, de unos 75 km de diámetro, presenta dos grandes depresiones que rodean parte de su superficie. Los científicos interpretan estas zonas como cuellos estrechos que conectarían tres secciones diferenciadas. De confirmarse, Nysa sería el primer asteroide trilobulado identificado en el sistema solar, una especie de “monstruo de tres cabezas” construido durante violentos episodios de su pasado.
“Las imágenes revelan un objeto extraordinariamente inusual”, afirmó Kate Minker, astrónoma del Observatorio Lowell y autora principal del trabajo. “La explicación más probable es que Nysa sea un sistema triple de contacto, formado por tres componentes conectados, o un cuerpo coherente extremadamente irregular, distinto de cualquier cosa que hayamos observado anteriormente”.
Una luna escondida en el resplandor
Las imágenes también permitieron descubrir una pequeña luna de aproximadamente 1 kilómetro, situada a una distancia mínima de 170 km del asteroide. El satélite, designado provisionalmente S/2026 (44) 1, fue detectado durante dos campañas independientes. Para localizarlo, el equipo tuvo que eliminar el intenso halo luminoso de Nysa, cuyo brillo ocultaba la débil señal del diminuto acompañante.
El movimiento orbital de esta luna permitirá calcular con mayor precisión la masa y la densidad de Nysa, dos datos esenciales para reconstruir su origen. Los investigadores plantean que el asteroide pudo formarse mediante la reagrupación lenta de fragmentos tras una antigua colisión o como resultado de un encuentro violento con un cuerpo de mayor tamaño. Su composición rica en enstatita, un mineral sin hierro asociado a las regiones interiores del sistema solar, convierte además a Nysa en una pieza valiosa para estudiar cómo se formaron los planetas rocosos hace unos 4.500 millones de años.

