Científicos aseguran haber encontrado los signos de vida más antigua de la Tierra: de hace 4.280 millones de años

Las formas más simples de vida podrían haber aparecido 300 millones de años después de la formación de nuestro planeta, estiman los investigadores.

Científicos aseguran haber encontrado los signos de vida más antigua de la Tierra: de hace 4.280 millones de años

D. Papineau / University College London

Un grupo internacional de científicos asegura haber encontrado en una piedra fósil los signos de vida más antigua de la Tierra que se remontan a hasta 4.280 millones de años. Las conclusiones de la investigación fueron publicadas este 13 de abril en la revista Science Advances.

“Utilizando muchas líneas de evidencia diferentes, nuestro estudio sugiere fuertemente que un número de diferentes tipos de bacterias existieron en la Tierra entre 3.750 y 4.280 millones de años. Esto significa que la vida podría haber comenzado tan solo 300 millones de años después de la formación de la Tierra. En términos geológicos, esto es rápido: aproximadamente una vuelta del Sol alrededor de la galaxia”, afirmó Dominic Papineau, autor principal del estudio.

Las evidencias fueron descubiertas en una roca del tamaño de un puño, hallada en 2008 por Papineau en el Cinturón de rocas verdes de Nuvvuagittuq (NGB, por sus siglas en inglés) en Quebec, Canadá. En un estudio de 2017, el equipo encontró filamentos, protuberancias y conductos en la piedra que parecían haber sido creados por bacterias.

Sin embargo, algunos expertos pusieron en tela de juicio que las marcas, que datan de unos 300 millones de años antes de lo que se considera como la primera señal de vida antigua, fueran de origen biológico. Tras realizar un análisis más detallado durante los años posteriores, el equipo halló un tallo con ramas paralelas en un lado de casi un centímetro de longitud, así como centenares de estructuras esféricas distorsionadas cerca de tubos y filamentos.

Los especialistas estiman que algunas de estas estructuras sí podrían generarse a través de reacciones químicas casuales, pero el tallo, con alta probabilidad, fue de origen biológico, ya que no se ha encontrado ninguna estructura como esta creada solo por la química, explican en un comunicado del University College de Londres (Reino Unido).

Además, los científicos descubrieron subproductos químicos mineralizados, que indican que las bacterias, que dejaron señales de vida en la piedra, se alimentaban de hierro y azufre, así como también del dióxido de carbono mediante una forma de fotosíntesis en la que no interviene el oxígeno.

Otros hallazgos

El NGB, el lugar donde Papineau recolectó la roca en cuestión, antes fue fondo marino y ahora contiene unas de las piedras más antiguas conocidas en el planeta. Se cree que se depositaron cerca de un conjunto de fuentes hidrotermales. Allí, las grietas dejaban pasar las aguas ricas en hierro que se calentaban por el magma.

El equipo cortó la piedra en piezas de 100 micrones de grosor para analizar las estructuras hechas de hematita, una forma del óxido férrico.

Luego, compararon las marcas con los minerales fósiles más recientes, así como con las bacterias oxidantes del hierro que habitan hoy en día en ventilas hidrotermales. Así, descubrieron estructuras modernas parecidas a las analizadas alrededor del volcán submarino Loihi, ubicado cerca de la isla de Hawái, así como en otros sistemas de respiraderos hidrotermales en los océanos Ártico e Índico.

Además, concluyeron que las estructuras de hematita no pudieron ser resultado de la compresión y el calentamiento de la roca a lo largo de miles de millones de años.

Aparte de usar varios microscopios, los expertos recrearon las secciones de la piedra con el uso de una supercomputadora que procesó miles de imágenes obtenidas mediante la microtomografía y el empleo de un haz de iones, dos técnicas de imagen de alta resolución.

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