El misterioso bosque de piedras que parece salido de otro mundo y conserva…

gigantescas formaciones de hace 10.000 años vinculadas al Imperio inca se esconden en un rincón de América Latina.

Las evidencias arqueológicas reflejan la vida de los primeros cazadores de los Andes. Además, alberga antiguas pinturas rupestres.

La región Pasco, en los Andes centrales del Perú, alberga el Santuario Nacional de Huayllay, conocido por su paisaje volcánico y su invaluable biodiversidad altoandina. | Ilustración LR/CDN/ChatGPT

Por: Jennifer Valqui

En los Andes centrales del Perú, la región Pasco resguarda un paisaje volcánico de apariencia extraterrestre, distinguido por colosales formaciones de piedra entre humedales, pajonales y lagunas. Este refugio natural conserva huellas de antiguos eventos geológicos y el paso de los primeros cazadores de la puna hace 10.000 años.

El enclave destaca por su biodiversidad altoandina y un rico patrimonio arqueológico con arte rupestre. “Hoy, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) resguarda el lugar como área natural por su importancia paisajística, arqueológica y científica”, donde abrigos de roca y puquiales ofrecen condiciones clave para la vida.

¿Qué maravilla natural oculta el Santuario Nacional de Huayllay en Sudamérica?

Ubicado en el distrito y provincia de Huayllay, región Pasco, el Santuario Nacional de Huayllay resguarda un impresionante territorio de 6.815 hectáreas entre los 4.100 y 4.546 metros sobre el nivel del mar. La reserva fue establecida el 7 de agosto de 1974 con el objetivo central de conservar las formaciones geológicas del Bosque de Piedras, además de su flora y fauna nativas, según detalla el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).

Alrededor del 90% de la arquitectura rocosa posee un origen volcánico. La acción del viento y el clima labró columnas, cavidades y farallones en la meseta de Bombón, cuyas siluetas evocan figuras de animales como elefantes, cobras, cóndores y tortugas. Ese verdadero museo geológico al aire libre integra además bofedales, fuentes termales y lagunas que completan un entorno de belleza extraordinaria.

El destino alberga un invaluable legado arqueológico repartido entre cavidades y paredones pétreos. Investigadores identificaron más de 500 pinturas rupestres sobre la ocupación humana ancestral, varias con representaciones de camélidos. Quienes transitan sus senderos a pie aprecian esculturas famosas como el ángel, el turista y el rostro humano, de acuerdo con registros del Sernanp y el inventario del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo.

¿Cómo refugió Huayllay a los primeros cazadores andinos hace más de 10.000 años?

Las pinturas rupestres confirman la llegada de comunidades primigenias a este paraje altoandino hace más de diez milenios. Aquellos albergues en las estructuras pétreas brindaron resguardo temporal frente a vientos helados, precipitaciones y temperaturas extremas de la puna. Asimismo, el acceso a fuentes hídricas junto a la abundancia de vicuñas convirtieron el territorio en un punto estratégico para la supervivencia mediante la caza y recolección.

Con el paso del tiempo, el arte parietal registró la evolución del vínculo entre las personas y los animales. De acuerdo con el portal de promoción turística Y tú qué planes, estas evidencias permiten situar el inicio de la domesticación de llamas y alpacas alrededor del 6000 a. C. y su posterior uso como transporte de carga hacia el 4500 a. C. Por esta razón, el vestigio resulta clave para analizar la transición desde bandas nómadas hasta sociedades pastoriles en el Perú profundo.

Por otra parte, la riqueza científica trasciende la superficie. La guía del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) documenta rocas volcánicas, materiales sedimentarios, vestigios de antiguos ambientes marinos y formas producidas por procesos glaciales, glaciofluviales y fluviales. Este patrimonio natural facilita la reconstrucción sobre la historia geotectónica de la cordillera central, el poblamiento prehistórico y la adaptación de la biodiversidad en ecosistemas de extrema altitud.

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