¿Usar la IA te vuelve obsoleto?

Por: José Callo Romero José Callo Romero

Fuente: Expreso.com.pe

Hay un miedo que difícilmente aparece en una reunión de trabajo, que no suele formar parte de las evaluaciones de desempeño y que probablemente muchos profesionales prefieren no reconocer. Es ese pensamiento incómodo que aparece cuando vemos lo que puede hacer la inteligencia artificial: ¿y si mañana ya no necesitan lo que yo sé hacer hoy?

La pregunta parece exagerada hasta que uno observa la velocidad con la que la tecnología está entrando en las empresas. Tareas que antes demandaban horas ahora pueden resolverse en segundos. Informes, análisis, contenidos, búsquedas, procesos administrativos y otras actividades comienzan a ser asistidos o automatizados por herramientas de inteligencia artificial.

Y entonces ocurre algo más profundo que una transformación tecnológica: cambia nuestra percepción sobre nuestro propio valor profesional.

A este fenómeno se le conoce como FOBO, por sus siglas en inglés, Fear of Becoming Obsolete, es decir, el temor a perder relevancia frente al avance tecnológico. María Jesús Lamarca, CMO & Corporate Affairs de Rankmi, lo resume de una manera particularmente interesante: “El desafío ya no es competir con la inteligencia artificial, sino desarrollar habilidades que permitan trabajar junto a ella”.

Quizá allí esté una de las claves para entender lo que está sucediendo.

Porque el problema no comienza necesariamente cuando una empresa automatiza una función. Comienza antes, cuando el profesional siente que tiene que correr detrás de cada nueva herramienta para demostrar que todavía está vigente.

Pero hay algo paradójico en todo esto: quizá el mayor riesgo no sea que la inteligencia artificial nos vuelva obsoletos, sino que el miedo a ella nos haga olvidar qué es lo que nos hace profesionales.

Durante años hemos hablado de experiencia, criterio, creatividad, capacidad de análisis, intuición y conocimiento del contexto como atributos fundamentales. Ahora, frente a sistemas capaces de producir respuestas convincentes en cuestión de segundos, parece que comenzamos a dudar del valor de esas mismas capacidades.

Como señala Lamarca: “La respuesta no está en competir con la inteligencia artificial, sino en cultivar aquello que la tecnología no puede replicar. El criterio, la intuición, la creatividad y la capacidad de interpretar el contexto seguirán siendo el verdadero diferencial humano”.

Hay una frase de su reflexión que merece detenerse a pensar: “Pensar, dudar e incluso equivocarse continúan siendo capacidades exclusivamente humanas”.

En una época obsesionada con la velocidad, dudar puede parecer una debilidad. En un mundo que premia las respuestas inmediatas, detenerse a pensar puede interpretarse como lentitud. Y en una cultura empresarial que busca minimizar los errores, equivocarse parece casi imperdonable.

Comentarios