Así ha conseguido EE. UU. que sus cazas disparen su tiempo en vuelo sin tener que parar a repostar.

La Armada norteamericana fabricará el primer lote de MQ-25 Stingray, el dron gasolinera autónomo que operará desde un portaviones.

Izan González  @izangc

La total apuesta de Estados Unidos por los drones militares le han aupado al liderazgo mundial con plataformas aéreas para aplicaciones tan dispares como la vigilancia —modelos que después exportan a países como España— o el reabastecimiento en vuelo. Si bien los primeros son muy conocidos en todo el planeta, este nuevo concepto de dron gasolinera es exclusivo del país norteamericano que tiene como fin proporcionar un extra de alcance a sus aeronaves marítimas.

[El dron ‘gasolinera’ autónomo que reabastece a los cazas de EE. UU. en vuelo]

El éxito del programa ha llevado a la Navy estadounidense a firmar el contrato de fabricación del primer lote de MQ-25 Stingray, como se llama el dron. Con un presupuesto de 47,5 millones de dólares, Boeing comenzará con la adquisición de los materiales necesarios para la construcción de este modelo de aeronave que planea entrar a la cadena de montaje en 2024.

Según el documento del Departamento de Defensa, se espera que esta primera entrega se complete en 2026; algo que concuerda con los planes de Boeing de alcanzar la capacidad operativa inicial en 2025. La integración final se llevará a cabo en unas instalaciones nuevas que la propia Boeing ha abierto en el estado de Illinois donde fabricará de 12 a 15 unidades por año tras una primera fase donde el ritmo será menor.

MQ-25 reabasteciendo a un F-18 Boeing

Las versiones de prueba del tanker autónomo ya han realizado reabastecimientos en vuelo a cazas F-18 y F-35C y a aeroanves Northrop Grumman E-2D. La Navy quiere adquirir un total de 76 unidades de Stingray que servirán dentro de los buques portaviones clase Nimitz y Ford. En la actualidad, los encargados de realizar este tipo de misiones de reabastecimiento son los F-18 Super Hornets que se dedican a traspasar combustible desde su tanque a otras aeronaves, desaprovechando en gran medida su vida útil y potencial como cazas.

Combustible sin riesgos

El primer vuelo del primer prototipo de MQ-25 se llevó a cabo en abril de 2019 en una base aéra en tierra firme y, desde entonces, no ha parado de cosechar éxitos y de alcanzar hitos tecnológicos. Y es que, el proyecto que dio como resultado al Stingray bebe de otros desarrollos que Boeing ha ido realizando a lo largo de los años teniendo como punto de partida un dron furtivo multipropósito que modificaron para participar en el concurso de la Navy.

MQ-25 Stingray despegando

Finalmente, en el 2018, la Navy estadounidese eligió a Boeing como ganadora del contrato que buscaba la creación de este tipo de aeronave no tripulada. El montante se cerró en 805 millones de dólares para llevar a cabo el desarrollo y la compra inicial de 4 unidades como primera aproximación. Tal ha sido el buen rendimiento que la Armada ha ampliado este número hasta las 76.

Esta rapidez en todo el proceso de desarrollo se ha conseguido gracias a la modificación del cauce tradicional de pruebas que consistía en comprar, luego construir y después probar. “En lugar de probar en último lugar, probamos primero”, declaró Dave Bujold, director del programa MQ-25, el año pasado. “El resultado es una enorme cantidad de datos que alimentan nuestra producción del MQ-25”.

Dron gasolinera MQ-25 en la cubierta de un portaviones

El sistema de reabastecimiento, según recoge la propia Boeing, es el mismo que el integrado dentro de los cazas F/A-18 Hornet. Una tecnología de sobra conocida y probada tanto por Boeing como por la Armada estadounidense. El MQ-25 será capaz de ampliar el radio de combate desde los 830 a los 1.300 kilómetros para los propios Hornets.

Uno de los hitos alcanzados por Boeing con este dron es el software desarrollado para que toda la operación sea autónoma. Además de despegar y aterrizar en un portaviones sin intervención humana, el Stingray es capaz de realizar todo el proceso de reabastecimiento de forma totalmente automática, incluso la siempre delicadísima maniobra de aproximación y sincronización con la aeronave receptora del combustible.

Esto permite reducir considerablemente el riesgo que supone realizar maniobras de despegue y aterrizajes en portaviones para un piloto. Así como ahorrar en los mantenimientos y reparaciones que actualmente hay que aplicar a los F-18 —muchos más caros que los de un dron— que hacen de gasolineras aéreas improvisadas.

El MQ-25 tiene una longitud de 15,5 metros con una envergadura de 22,9 metros —9,54 con las alas plegadas— y un motor Rolls-Royce que le permite una autonomía de 930 kilómetros y entregar 7.250 kilogramos de combustible a otra aeronave.

También espía

Hace un par de semanas, Boeing mostró cómo su MQ-25 Stingray también es capaz de realizar labores de ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento, en inglés) y de recibir imágenes en tiempo real de sus propias misiones. El planteamiento del fabricante aeronáutico es la transmisión de contenidos desde su dron directamente a las aeronaves tripuladas, según recoge Defense News.

Las demostraciones, realizadas en mayo pero anunciadas ahora, incluyeron varios casos prácticos y escenarios operativos. Uno de ellos consistió en el MQ-25 volando desde un portaviones bajo el mando de una estación de control en un barco y el dron se anunciaría a los aliados como disponible para realizar tareas.

MQ-25 reabasteciendo a un E-2D

El siguiente paso fue que una aeronave de tripulada tomara el control sobre el Stingray y el centro de control en la superficie le enviaría toda la información para realizar una misión ISR, incluidas las restricciones o zonas de exclusión aérea. Boeing ha probado como plataforma de mando y control aéreo a cazas F-18, aviones de patrulla marítima P-8 Poseidón y al Northrop Grumman E-2D Advanced Hawkeye. Que podrán coordinarse directametne con la estación de control en superficie y con el dron.

Comentarios